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Así vivimos el 2025: Turismo, cultura y realidad en Sayula.

 


Si me preguntan cómo estuvo el 2025, les diría que fue un año raro, de esos que te dejan con sentimientos encontrados. Por un lado, nunca había visto a mi pueblo tan lleno de vida, tan "en el mapa"; pero por otro, hubo días en que las campanas de la iglesia y las sirenas no nos dejaron olvidar lo frágil que es la vida.

El año empezó fuerte con el Carnaval. Hubo presentaciones grandes, como la de Luis R. Conriquez , que junto a los eventos culturales trajeron gente desde Guzmán, Tapalpa y hasta de Guadalajara. Te daba ese orgullo de decir: "Miren, esto es Sayula" . Aunque, claro, el tráfico en las calles del centro se puso imposible; Cruzar la ciudad era misión imposible esos días de febrero.

Pero apenas nos estábamos recuperando de la fiesta cuando el aire se nos puso gris. ¿Se acuerdan de febrero? Ese humo del vertedero que nos tuvo encerrados tres días. No se veía ni el cerro. Nos cancelaron clases y andar en la calle picaba la garganta. Ahí fue cuando nos cayó el veinte de que no podemos seguir tratando a la tierra como si fuera basurero eterno. Menos mal que luego, para septiembre, supimos que la Fiscalía ya andaba agarrando a los que talan el monte pa' sembrar aguacate ilegal. Ya era hora.

Luego vinieron momentos agradables, como la Fiesta del Globo. Fue chido ver la laguna seca pintada de colores así. Ver esos globos gigantes levantarse al amanecer... uno se sintió en otro mundo. Los hoteles llenos, los puestos de comida haciendo su agosto; Por un fin de semana, Sayula se sintió grande. A esto se sumó el Festival Rulfiano y de las Artes, que nos recordó nuestra esencia cultural y que seguimos siendo tierra de letras y talento.

Para cerrar el ciclo festivo llegaron octubre y noviembre. El Festival de las Ánimas ya es otra cosa. Este año fue del gusto de locales y visitantes, y agradó mucho que no todo fuera en el centro. Ver la "Ruta de las Almas" llegar hasta Usmajac se sintió más nuestro, más de barrio. La callejoneada hacia el panteón, con las velas y las mojigangas, tiene esa magia que te pone la piel chinita, recordándonos la leyenda del Ánima que nos hizo famosos.

Pero tengo que hacer una pausa, porque el 2025 también nos dejó con un nudo en la garganta.

Este año se notaron demasiado las sillas vacías en las mesas de muchas familias sayulenses. Despedimos a muchos paisanos queridos; algunos abuelos y padres que se fueron de forma natural, cerrando su ciclo después de tanto trabajar. Pero lo que más nos duele son los otros, los que se fueron de golpe, en hechos desafortunados que todavía nos cuesta asimilar.

Ya sea por la violencia repentina o por esos desafortunados accidentes en la carretera y la autopista, perdimos a jóvenes, a trabajadores, a vecinos que saludábamos a diario. A todas esas familias que este año tuvieron que aprender a vivir con la ausencia: el pueblo los abraza. En Sayula nos conocemos a todos, y cuando falta uno, nos duele a todos.

Así se nos fue el 2025. Entre el orgullo de ver globos en el cielo y la nostalgia por los que ya no están. Ojalá este 2026 traiga más turismo, pero, sobre todo, más paz y salud para nuestra gente. Porque Sayula es mucha pieza, y su gente, más.